El monumento natural del Monte Cabezón, un cocido montañés en Bárcena Mayor, pequeñas aldeas medievales y el parque natural de hayedos y robledales del Saja-Besaya. Explosión de naturaleza mágica cántabra.

Bosque de árboles gigantes de Secuoyas

A mediados del siglo pasado alguien soñó un bosque mágico de árboles gigantes que solo crecían en la costa de San Francisco de estados Unidos, y que brotaría a pocos kilómetros del mar Cantábrico. Aunque las imponentes secuoyas ya se habían introducido tímidamente en algunos países europeos, en Cantabria se apostó a lo grande y el resultado fue el bosque de esta especie de mayor extensión del continente: 850 ejemplares de Sequoia sempervirens que se elevan hacia el cielo en dos hectáreas y media entre las localidades de Cabezón de la Sal y Comillas.

Secuoyas gigantes 

El acceso y visita es gratuito al monumento natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, y se puede calificar de experiencia única de inmersión en la naturaleza, que algunos escenifican abrazando los troncos de metro y medio de perímetro y una altura media de 36 metros. Los accesos al bosque están admirablemente conseguidos mediante pasarelas de madera accesible que se internan en el bosque, donde reina un silencio respetuoso que imponen estos gigantes de cuento. El efecto que produce la combinación de colores —el verdor de las hojas, el ocre de troncos y ramas, el marrón rojizo de un suelo que se diría de almohadilla y tan placentero de hollar—, la penumbra solo rasgada por la luz que penetra entre las copas de las secuoyas… Todo un bálsamo para la mente.

Ucieda y la ruta de los Puentes en P.N. Saja-Besaya

Estamos muy cerca del esplendoroso valle de Cabuérniga, y la primera población que nos encontramos hacia el sur, girando a la izquierda, en dirección al parque natural Saja-Besaya, es Ucieda, a través de la que serpentea la carretera que dirige hacia el parque natural, a través de un camino verdaderamente mágicos para la vista.  Allí se inicia la muy conocida y atractiva Ruta de Los Puentes, para aquellos que quieran realizar una extraordinaria ruta de senderismo circular de 4-5 horas. Y tras esa jornada, que mejor que comer en el pueblo de Ucieda una merecida carne a la piedra en el Restaurante Enrique. 

Parque natural Saja-Besaya. Foto Jose Manuel Peral

Si preferís no adentraros en el parque siempre podeis ir directamente al pueblo de Ruente,  a unos 8 kilómetros de las secuoyas. Este encantador pueblecito de unos 800 habitantes rodeado por los montes de la cordillera Cantábrica cuenta con un puñado de casonas renacentistas y el notable palacio de Mier, pero su principal reclamo es La Fuentona: un arroyo que brota de una cueva a las afueras de la villa, hogar de la mitológica anjana, esa hada benéfica de la mitología cántabra que abre o corta el caudal a su antojo y que, según la leyenda, custodia un tesoro templario. El riachuelo discurre a través de un bosque y cruza el pueblo bajo un puente medieval sostenido por nueve arcos que configura su postal más típica.

Siguiendo dirección sur, a 5 kilómetros encontrais el bello pueblecito de Barcenillas, desde donde se inicia la conocida Ruta de Las cascadas de LaMiña

La Fuentona de Ruente

El pueblo medieval de Bárcena Mayor

A otros 15 kilómetros por la carretera en paralelo al río Saja,  llegáis al precioso pueblo medieval de Bárcena Mayor, a 500 metros de altitud y a orillas del río Argoza, uno de los pueblos más hermosos y singulares de España. Apenas 80 habitantes en invierno, que se multiplican en épocas de vacaciones o incluso los fines de semana. Permite admirar esta joya de arquitectura montañesa declarada Patrimonio de la Unesco.

Todo Bárcena Mayor es un casco histórico; un paseo entre las callejuelas flanqueadas de casas de piedra bien restauradas, y mejor embellecidas por los lugareños que adornan sus balconadas de madera con plantas y flores, nos conducirá a la iglesia de Santa María, del siglo XVII, cerca del antiguo lavadero público. La prohibición de entrada en el pueblo de vehículos que no sean de residentes o huéspedes del alojamiento es una medida que agradecerán no solo los paseantes sino también quienes quieran obtener fotografías de auténtica postal añeja. Algunas casonas albergan en su planta baja el taller de un artesano de la madera o una coqueta tienda de productos de la zona: orujo, miel, queso picón algo más suave que el Cabrales de la vecina Asturias…

La historia de Bárcena Mayor se remonta a los siglos IX o X y muchos aseguran que es el pueblo más antiguo de Cantabria. Y también figura entre los más remotos; de hecho, es el único núcleo urbano dentro de los límites del parque natural Saja-Besaya. Nada más cruzar el puente de piedra sobre el río se pueden emprender varias rutas de senderismo de diferente duración: hacia el pueblo de Los Tojos, el alto de la Cruz de Fuentes o el Pozo de la Arbencia, donde se unen las aguas de los ríos Hormigas y Fuentes, por veredas que discurren entre hayas, robles, castaños, tejos, abedules, avellanos o fresnos… No es inusual observar desde el camino ciervos, corzos, zorros e incluso jabalíes. Y también es el territorio del lobo, que por estos lares nunca ataca al hombre.

A la hora de comer, lo suyo es encargar un contundente cocido montañés ―con alubias blancas, berza y un compango de chorizo, tocino, costilla y morcilla― en alguno de los cuatro restaurantes del pueblo, todos de calidad y precios similares: El PuenteLa SolanaRío Argoza o La Jontana.

Alto de Palombera y el nacimiento del Ebro

Y aún no hemos acabado con esta ruta de los sentidos.  Ahora tomando dirección Sur hacia Reinosa, unos kilómetros más allá, nos encontramos con el Balcón de la Cardosa, un estupendo mirador donde se encuentra también el Monumento al Corzo y desde donde se divisa todo el valle del Saja.

Poco después de pasar por el Puerto de Palombera, el paisaje cambia a un perfil más suave y plano, donde puedes encontrar vacas y caballos pastando entre las flores.

Ahora se toma la CA-183 hasta Fontibre, donde se encuentra el nacimiento oficial del río Ebro. Realmente el rio no nace exactamente en Fontibre, sino que es en esta fuentona kárstica donde reaparecen las aguas filtradas del Hijar, que nutren al Ebro con el deshielo de Alto Campoo en la Falda del Pico de Tresmares, lugar donde acaece el auténtico nacimiento del río más caudaloso de nuestro país.

Resulta muy agradable dar un paseo entre los árboles, contemplando los cuatro manantiales de los que brotan unas aguas de varios tonos de azul, incluido el turquesa, por causa de los limos que arrastran al filtrarse.

Y ahora ya podéis regresar a la posada tomando la autovía A-67 dirección Torrelavega, y descansar tras una ruta tan intensamente mágica.

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FUENTE_ El Viajero ElPais.com

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